El ejercicio terapéutico ha sido el protagonista del espacio en el que nos ponemos ‘En manos del fisio’. Ana Hierro explicaba que la principal diferencia entre este y el ejercicio físico es que el terapéutico se realiza siempre bajo supervisión de un fisioterapeuta, siendo su objetivo la recuperación de una lesión o patología minimizando los síntomas que provoca, mientras que el ejercicio físico lo puede realizar cualquier persona asociada a la actividad física con el objetivo de mejorar la condición física y por tanto el estado de salud.
De entre los beneficios, la fisioterapeuta de Avancli destacaba la agilización en la recuperación de una lesión, la mejora de la movilidad y el equilibrio, la prevención de lesiones físicas, la reducción o eliminación de dolores musculares, articulares y otros problemas físicos relacionados con el envejecimiento o algún estado de salud puntual como embarazo o postparto, etc. Incluso incide en la mejora de nuestro descanso y sueño y disminuye el estrés, la depresión y la fatiga.
El ejercicio terapéutico comienza con una evaluación individualizada por parte del fisioterapeuta donde hay que comprender la lesión, las necesidades y los objetivos del paciente. Después se planifica de forma personalizada basándose en dicha evaluación, creando un plan de ejercicio adaptado a las capacidades y limitaciones del paciente. Durante las sesiones, el fisioterapeuta proporciona una supervisión continua para garantizar una técnica adecuada y evitar así realizar movimientos que agraven la lesión. A medida que el paciente avanza, el programa de ejercicios se va ajustando y progresando para seguir ‘desafiando’ al cuerpo de manera segura y efectiva para maximizar los resultados a largo plazo.
Por último, Ana Hierro manifestaba que el ejercicio terapéutico se puede utilizar en trastornos musculoesqueléticos, enfermedades neurológicas y cardiopulmonares, trastornos metabólicos, pediatría, oncológicos…
